Keiko Fujimori asume la presidencia de Perú tras una victoria ajustada sobre Roberto Sánchez. A los 51 años, lidera el primer gobierno fujimorista desde 2000. Su triunfo marca un giro político profundo, impulsado por el desgaste del antifujimorismo, la inestabilidad institucional y el respaldo tácito de sectores económicos clave. No es una simple transición: es un reajuste del pacto político peruano.
¿Qué implica el regreso de Keiko Fujimori al Palacio de Gobierno?
El retorno de Keiko Fujimori no es un hecho aislado. Es la culminación de una estrategia de reivindicación que comenzó tras la muerte de Alberto Fujimori en 2024. Su gobierno representa la normalización institucional de un proyecto político que fue criminalizado, pero nunca desarticulado. La Primera Dama durante el régimen autoritario de su padre ahora ocupa el cargo más alto del Estado. Esa simbología no es retórica: es un cambio de narrativa oficial sobre el período 1990–2000.
El rol de la élite económica en el triunfo fujimorista
Empresarios del sector financiero, minero y agroexportador respaldaron abiertamente su campaña. No por ideología, sino por previsibilidad. En un contexto de inestabilidad legislativa y reformas fiscales inciertas, el fujimorismo ofreció estabilidad regulatoria y contención del gasto público. Ese respaldo fue decisivo en regiones clave como Lima, Arequipa y La Libertad.
¿Cómo se articula el fujimorismo con el marco legal actual?
Perú no tiene una ley de amnistía ni una reforma constitucional que blanquee los crímenes del régimen anterior. Pero sí cuenta con una reforma procesal penal de 2025 que acelera juicios por corrupción y reduce la prescripción de delitos económicos. Keiko ha prometido aplicarla con rigor —excepto en casos vinculados a su padre. Su gobierno ya anunció la creación de una comisión de revisión de sentencias, con enfoque en “errores procesales” en causas de derechos humanos.
La paradoja del Estado de derecho
El sistema judicial peruano sigue debilitado. Cuatro ex presidentes están presos o han muerto evitando la cárcel: Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Pedro Castillo y Alan García. Solo Pedro Pablo Kuczynski vive en el extranjero. Esta concentración de procesos no refleja eficacia institucional, sino fragmentación del poder político. El fujimorismo se posiciona como garante del orden, mientras su base legal se construye sobre grietas judiciales.
¿Cuál es el impacto económico inmediato del nuevo gobierno?
El Banco Central de Reserva ya ajustó su proyección de crecimiento de 2,8% a 3,4% para 2026. La razón: mayor confianza empresarial y una nueva ley de estabilidad fiscal que limita el déficit primario al 1% del PBI. Sin embargo, el FMI advirtió sobre riesgos fiscales si se reactivan programas sociales sin financiamiento sostenible. El sector minero, que representa el 60% de las exportaciones, ya anunció inversiones por US$4.200 millones en los próximos tres años.
El costo social del giro político
Mientras los mercados celebran, las organizaciones de derechos humanos denuncian retrocesos en la política de reparaciones. El Consejo Nacional de Derechos Humanos fue disuelto por decreto supremo el 24 de julio. Su reemplazo, la Dirección de Memoria Histórica, dependerá del Ministerio de Justicia y no tendrá autonomía presupuestaria.
¿Qué significa el fujimorismo para la democracia peruana?
No es un retorno al autoritarismo, pero sí una redefinición de sus límites. Keiko Fujimori gobierna con una mayoría relativa en el Congreso. Su partido, Fuerza Popular, no controla la Corte Suprema ni el Jurado Nacional de Elecciones. Pero sí domina la Comisión de Ética y la Comisión de Presupuesto. Esa fragmentación del poder no garantiza equilibrio: permite negociaciones opacas y cambios normativos por vía reglamentaria.
Datos Clave
- Keiko Fujimori es la primera mujer en asumir la presidencia de Perú por vía electoral directa.
- Su victoria se dio con el 50,3% de los votos: apenas 42.700 sufragios más que Roberto Sánchez.
- Alberto Fujimori murió en diciembre de 2024, un año después de salir de prisión.
- Cuatro ex presidentes peruanos están presos o han muerto evitando la cárcel desde 2018.
- El fujimorismo ha gobernado Perú durante 12 de los últimos 36 años.
El contexto actual muestra una democracia en transición: no consolidada, pero tampoco colapsada. El fujimorismo no regresa como ideología hegemónica, sino como opción técnica ante el fracaso de alternativas. Su éxito no depende de su legitimidad histórica, sino de su capacidad para gestionar la economía sin reavivar conflictos sociales. El reto no es gobernar, sino gobernar sin repetir los errores del pasado —ni los del padre, ni los del antifujimorismo.
