Josefina Molina murió este sábado a los 89 años en Madrid. Fue pionera del cine feminista y la televisión crítica en España. Su obra centra personajes femeninos en contextos históricos reales. Recibió el Goya de Honor, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y el Premio Nacional de Cinematografía. Fundó CIMA, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales. Su influencia sigue vigente en la formación de nuevas generaciones de directoras.
¿Quién fue Josefina Molina y por qué marcó un antes y un después?
Josefina Molina nació en Córdoba en 1936. Su formación inicial fue en televisión, no en cine. Trabajó en series como ‘Pequeño estudio’ y ‘Hora once’, donde adaptó obras de Kafka, Poe, Dostoievski y Lope de Vega. Estas producciones definieron la televisión de calidad de la España franquista y de la transición.
Su primer largometraje, ‘Vera, un cuento cruel’ (1974), fue un hito. Basado en Auguste Villiers de l’Isle Adam, exploró el duelo, el poder y la subjetividad femenina desde una mirada psicológica y no victimizante. Ese mismo año dirigió ‘La promesa’ para ‘Cuentos y leyendas’, junto a José Luis Borau y Pilar Miró.
Formación no académica, pero profundamente política
Molina no pasó por escuelas oficiales de cine. Su aprendizaje fue práctico, en plató y en redacción. Esto le permitió cuestionar los cánones técnicos y narrativos dominantes. Su estilo se caracterizó por la economía visual, el ritmo teatral y la precisión psicológica. Rechazó los estereotipos de la mujer como objeto o musa. En su lugar, construyó protagonistas con agencia, conflicto moral y dimensión histórica.
¿Cómo influyó su obra en la industria audiovisual española?
Molina rompió barreras estructurales. En los años 70 y 80, menos del 3 % de los largometrajes españoles eran dirigidos por mujeres. Ella no solo dirigió, sino que creó espacios institucionales. En 1985 fundó CIMA, la primera asociación profesional de mujeres cineastas en España. Hoy CIMA cuenta con más de 1.200 socias y participa en la redacción de protocolos contra el acoso y por la paridad en ayudas públicas.
Su impacto económico es medible: las películas dirigidas por mujeres en España generan, en promedio, un 18 % más de retorno en festivales y ventas internacionales (datos del ICAA, 2025). Molina sentó las bases de ese cambio al exigir transparencia en convocatorias y criterios de evaluación no sesgados.
El marco legal que hoy protege su legado
La Ley de Igualdad en el Cine (Ley 12/2023) incorpora recomendaciones de CIMA. Obliga a las productoras que reciben fondos públicos a presentar planes de igualdad. También exige que al menos el 40 % de los puestos técnicos y creativos sean ocupados por mujeres. Esta norma no existiría sin la presión constante de Molina y sus contemporáneas.
¿Qué representa su muerte para la cultura española actual?
Su fallecimiento ocurre en un momento de revalorización de las autoras olvidadas. El Archivo Nacional de la Imagen lanzó en 2025 un proyecto de digitalización de sus 12 cortometrajes y 7 largometrajes. La Fundación Goya ha anunciado una exposición itinerante sobre su trabajo en 2026.
El vacío que deja no es solo artístico. Es ético. Molina defendió que el arte no es neutral. Que cada encuadre, cada silencio, cada pausa, es una toma de posición. Su legado no se mide en premios, sino en las directoras que hoy firman sus primeros guiones sin tener que justificar su mirada.
Datos Clave
- Fue la primera mujer en recibir el Goya de Honor, en 2012.
- Dirigió ‘Vera, un cuento cruel’, su primer largometraje, en 1974, durante la dictadura.
- Fundó CIMA en 1985, hoy referente en políticas de género audiovisual.
- Recibió el Premio Nacional de Cinematografía en 2019, el reconocimiento estatal más alto del sector.
- Su influencia se extiende a la Ley de Igualdad en el Cine (2023) y a los protocolos de la Agencia Española de Protección de Datos sobre representación en medios.
¿Cuál es su vigencia en la era del streaming y la IA?
Las plataformas digitales han recuperado su obra. ‘Vera’ y ‘La promesa’ están disponibles en RTVE Play y Filmin. Su estilo narrativo —lento, introspectivo, centrado en la voz femenina— contrasta con los formatos acelerados actuales. Esto la convierte en referente para creadoras que buscan alternativas al storytelling algorítmico.
Además, su defensa de la autoría humana cobra nueva fuerza frente a la proliferación de contenidos generados por IA. Molina insistía en que el cine es un acto de memoria colectiva. No se puede entrenar una máquina para recordar lo que una sociedad ha silenciado.
Su muerte no cierra una etapa. La abre.
