El sacerdote jesuita Francesc Peris ha sido objeto de múltiples denuncias por abusos sexuales a menores en España y Bolivia, pero recientemente se ha confirmado que no será juzgado por estos crímenes. Esta situación ha generado una ola de indignación entre las víctimas y la sociedad en general, quienes ven en este caso un claro ejemplo de la impunidad que a menudo rodea a los abusadores dentro de instituciones religiosas. La fiscalía ha decidido archivar una de las denuncias más recientes, alegando que los delitos han prescrito, lo que podría llevar a que la otra denuncia, más antigua, corra la misma suerte. Esta decisión ha dejado a las víctimas sin la posibilidad de obtener justicia, lo que ha sido descrito como un golpe devastador para quienes han sufrido en silencio durante años.
La historia de Peris es una de manipulación y abuso que se extiende por casi cinco décadas. Las denuncias que han llegado a los tribunales provienen de exalumnas del colegio Casp de Barcelona, donde se alega que Peris cometió abusos en 1999 y 2004. A pesar de que el magistrado Santiago García había iniciado una instrucción, la intervención de la fiscalía ha puesto en entredicho la posibilidad de un juicio. Las víctimas han descrito a Peris como un “narcisista” y “manipulador”, lo que ha llevado a cuestionar no solo su conducta, sino también la respuesta de la Compañía de Jesús ante estos graves delitos.
### La Respuesta de la Compañía de Jesús
La Compañía de Jesús ha estado bajo el escrutinio público por su manejo de los casos de abuso sexual. En el caso de Peris, se ha informado que el sacerdote ha admitido sus abusos en un proceso interno, lo que ha llevado a la apertura de un expediente en su contra. Sin embargo, esta acción parece insuficiente para las víctimas, quienes demandan justicia y un reconocimiento de los daños sufridos. Pau Vidal, delegado de la Compañía en Catalunya, ha confirmado que Peris ha admitido haber abusado de sus alumnos, lo que plantea serias preguntas sobre la responsabilidad de la institución en la protección de sus miembros y la atención a las denuncias de abuso.
El caso de Peris no es aislado. La Compañía de Jesús ha sido criticada por su historial de encubrimiento de abusadores, lo que ha llevado a un clima de desconfianza entre las víctimas y la comunidad en general. La decisión de enviar a Peris a Bolivia, donde continuó ejerciendo como profesor, ha sido vista como un intento de ocultar sus crímenes en lugar de enfrentarlos. Este patrón de conducta ha llevado a que muchos se pregunten si las instituciones religiosas están realmente comprometidas con la protección de los menores o si priorizan su reputación por encima de la justicia.
### La Impunidad y el Dolor de las Víctimas
La impunidad que rodea el caso de Francesc Peris ha dejado a muchas víctimas sintiéndose desamparadas. La mujer cuya denuncia ha sido archivada ha expresado su frustración y dolor, señalando que este fallo no solo afecta a ella, sino a todas las víctimas que han sufrido a manos de Peris. La falta de un juicio y la posibilidad de que otros casos sean desestimados por prescripción han generado un sentimiento de impotencia en la comunidad, que clama por justicia y reconocimiento.
El documental ‘La Fugida’ ha puesto de relieve la historia de Peris y otros sacerdotes pederastas, revelando cómo la Compañía de Jesús ha manejado estos casos. La producción ha sido un catalizador para que las víctimas se presenten y hablen sobre sus experiencias, lo que ha llevado a la apertura de nuevas denuncias. Sin embargo, la respuesta de las autoridades y de la propia Compañía ha sido criticada por ser insuficiente y por no abordar adecuadamente el sufrimiento de las víctimas.
La historia de Peris es un recordatorio de la necesidad de un cambio estructural en cómo las instituciones religiosas manejan los casos de abuso. La protección de los menores debe ser la prioridad, y las víctimas merecen ser escuchadas y recibir justicia. La lucha por la verdad y la justicia continúa, y es fundamental que la sociedad no se olvide de las voces de aquellos que han sufrido en silencio. La impunidad no puede ser la norma, y es responsabilidad de todos exigir un cambio real y duradero en la forma en que se abordan estos crímenes atroces.
