Un equipo de la Universidad de Barcelona (UB) ha desarrollado un bioplástico biodegradable a partir de almidón de patata sin procesar, usando una bacteria modificada genéticamente. Este avance reduce costos, acelera la producción y refuerza la economía circular. El proceso toma solo 24 horas y genera un material con alto potencial industrial y bajo impacto ambiental.
¿Cómo se fabrica el nuevo bioplástico de patata?
El método combina un recurso agrícola abundante con biotecnología de punta. En lugar de almidón purificado o caros azúcares refinados, los investigadores usan almidón de patata sin procesar, un subproducto barato y disponible en grandes volúmenes en la UE.
Uso de Bacillus subtilis como fábrica microbiana
La bacteria Bacillus subtilis es segura, ampliamente usada en industria alimentaria y farmacéutica, y actúa como biocatalizador natural. Mediante CRISPR-Cas9, los científicos reprogramaron su metabolismo para que convierta eficientemente el almidón en PHB (polihidroxibutirato), un biopolímero certificado como biodegradable en suelos y aguas.
Un proceso único y acelerado
Antes, la producción de PHB requería múltiples etapas: hidrólisis del almidón, fermentación separada y purificación. Ahora, todo ocurre en un solo biorreactor, en 24 horas. Esto reduce costos operativos y energía, clave para la escalabilidad industrial.
¿Por qué es relevante el PHB obtenido con esta tecnología?
El PHB resultante alcanza una acumulación del 51,8 % del peso seco celular, superando ampliamente el 13 % de estudios previos. Esta eficiencia marca un salto cualitativo en viabilidad comercial.
Mayor pureza y menor necesidad de refinamiento
Al usar una cepa optimizada, el PHB se acumula intracelularmente con menos impurezas. Esto disminuye los costos de extracción y mejora las propiedades mecánicas del material final.
Aplicaciones industriales inmediatas
El PHB obtenido es apto para envases de un solo uso, films agrícolas, componentes médicos biodegradables y filamentos para impresión 3D. Su compatibilidad con maquinaria convencional de plásticos facilita su adopción por PYMEs del sector transformador.
¿Qué impacto económico y regulatorio tiene este avance?
La UE apuesta por reducir un 30 % las importaciones de plásticos derivados del petróleo para 2030. Este bioplástico se alinea con el Reglamento de Diseño Ecológico para Plásticos (2025) y la Directiva sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR). Además, fomenta la valorización de subproductos agrícolas, generando ingresos adicionales para cooperativas de patata en España y Francia.
Datos Clave
- El proceso usa almidón de patata sin procesar, no azúcares refinados.
- Se logra 51,8 % de PHB en peso seco celular, frente al 13 % previo.
- Tiempo de producción: 24 horas en un solo paso.
- Bacteria empleada: Bacillus subtilis, modificada con CRISPR-Cas9.
- Publicado en la revista científica Bioresource Technology (2026).
¿Cómo se integra este desarrollo en la transición verde española?
España produce más de 1,2 millones de toneladas de patata al año. El 15 % se destina a industria almidonera, generando subproductos con alto potencial para biotransformación. Este proyecto convierte un residuo en materia prima estratégica, reforzando la economía circular y la soberanía industrial.
Marco legal de apoyo
El Plan Nacional de Bioeconomía 2030 y los fondos NextGenerationEU priorizan proyectos que vinculan agricultura, biotecnología y descarbonización. Además, el Real Decreto 1055/2022 incentiva la innovación en materiales biodegradables con certificación EN 13432.
Impacto en empleo y cadena de valor
La tecnología puede transferirse a plantas de biorefinería existentes. Se estima que su escalado industrial crearía 120 puestos directos por planta y reactivaría zonas rurales con cultivo intensivo de patata, como Lleida o Navarra.
