En el corazón de Alicante, un lugar que una vez fue testigo de un hecho trágico en la historia de España, se ha transformado en un parque olvidado. El 20 de noviembre de 1936, José Antonio Primo de Rivera, líder de la Falange Española, fue fusilado en lo que entonces era el Reformatorio de Adultos de Alicante. Hoy, lo que queda de aquel lugar es una plaza con columpios y un murete que apenas recuerda su pasado. Sin embargo, la memoria de Primo de Rivera sigue viva en la mente de muchos alicantinos, quienes todavía se refieren a este sitio como la «prisión de José Antonio».
La transformación del antiguo reformatorio en un albergue juvenil y residencia de estudiantes ha hecho que la historia de este lugar se diluya con el tiempo. María Eugenia Balboa, directora del centro, comenta que aunque el nombre del albergue no es tan conocido, la referencia a la prisión de José Antonio es inconfundible. Este fenómeno refleja cómo la memoria histórica se entrelaza con la identidad local, a pesar de los intentos de borrar o modificar el pasado.
### La Historia de un Líder Político
José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, se convirtió en un símbolo del franquismo tras su muerte. A pesar de que en las elecciones de febrero de 1936 su partido obtuvo solo el 0,7% de los votos, su figura fue elevada a la categoría de mártir por el régimen franquista. Francisco Sevillano, catedrático de Historia Contemporánea, explica que entre 1938 y 1942, la figura de Primo de Rivera fue ensalzada, convirtiéndolo en un ícono del franquismo. Esta glorificación no solo se limitó a su figura, sino que también se extendió a otros personajes del régimen, como Calvo Sotelo, quien fue considerado un protomártir.
Primo de Rivera fue arrestado en marzo de 1936 por tenencia ilícita de armas, aunque su detención estuvo más relacionada con su papel en el contexto político de la época. Tras ser trasladado a la prisión de Alicante, comenzó a instigar el levantamiento militar que daría inicio a la Guerra Civil. Su condena a muerte fue firmada el 17 de noviembre de 1936, y solo tres días después, fue ejecutado en el patio de la prisión. Los disparos resonaron en el vecindario, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de Alicante.
El cuerpo de Primo de Rivera fue inicialmente enterrado en una fosa común, pero tras la victoria del bando sublevado, su figura fue utilizada como herramienta de propaganda. La recuperación de sus restos fue un evento monumental, con un gran despliegue de seguidores que lo acompañaron hasta su nuevo descanso en El Escorial. Este acto no solo consolidó su estatus como mártir, sino que también reflejó la importancia de la memoria histórica en la construcción del relato franquista.
### La Huella de Primo de Rivera en Alicante
A pesar de los cambios en la nomenclatura de las calles y la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, la figura de José Antonio Primo de Rivera sigue presente en Alicante. Algunos barrios aún llevan su nombre, aunque han sido rebautizados oficialmente. La resistencia de los vecinos a olvidar su historia es un testimonio de cómo la memoria colectiva puede desafiar los intentos de reescribir el pasado.
El cementerio de Alicante alberga un monolito conmemorativo que recuerda a Primo de Rivera, y su fosa común sigue siendo un lugar de interés para aquellos que buscan entender la complejidad de la historia española. La leyenda urbana que rodea su figura, incluyendo la creencia de que su cuerpo fue confundido con el de un personaje local conocido como el Negre Lloma, es un reflejo de cómo la memoria histórica puede ser distorsionada y reinterpretada a lo largo del tiempo.
La historia de José Antonio Primo de Rivera es un recordatorio de cómo los eventos del pasado pueden seguir influyendo en la identidad y la cultura de una comunidad. En Alicante, su legado es un tema de debate y reflexión, que invita a los ciudadanos a confrontar su historia y a considerar las múltiples narrativas que coexisten en la memoria colectiva. La figura de Primo de Rivera, aunque controvertida, sigue siendo un símbolo de una época que marcó profundamente a España y que, a través de su memoria, continúa generando discusiones sobre la identidad nacional y la reconciliación con el pasado.
