España se ha consolidado como uno de los principales productores de automóviles en Europa, destacándose por su capacidad industrial y su alta productividad. Sin embargo, a pesar de estos logros, el país enfrenta serios desafíos en su transición hacia la movilidad eléctrica. Este artículo explora las fortalezas del sector automotriz español y los obstáculos que deben superarse para avanzar en la electrificación y la infraestructura de recarga.
**Fortalezas de la Industria Automotriz Española**
El sector automotriz en España cuenta con 31 plantas industriales, de las cuales 20 están dedicadas al ensamblaje de vehículos y 11 a la producción de baterías y trenes motrices. Según el ACEA Pocket Guide 2025/2026, España se posiciona entre los países más productivos de Europa, con una media de 16,4 vehículos fabricados por trabajador al año, muy por encima de la media europea de 6 unidades. Esta eficiencia coloca a las fábricas españolas en una posición privilegiada dentro del mercado europeo, atrayendo la atención de grandes grupos internacionales.
Las exportaciones son un pilar fundamental para la economía automotriz española, ya que la mayoría de los vehículos producidos se envían a mercados como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. Sin embargo, esta alta dependencia de las exportaciones también plantea riesgos, especialmente ante cambios en las políticas arancelarias y la creciente competencia de fabricantes asiáticos, particularmente en el sector de vehículos eléctricos (BEV).
**Desafíos en la Electrificación y la Infraestructura de Recarga**
A pesar de los logros en producción, España enfrenta un reto significativo en la electrificación de su parque automovilístico. En 2024, solo el 3,9% de los turismos en el país eran enchufables, lo que refleja un retraso en comparación con la media europea, que se sitúa en torno al 5,8%. Países como los Países Bajos y Noruega lideran en este aspecto, con cifras que superan el 15% y el 30%, respectivamente.
Uno de los principales obstáculos para la adopción de vehículos eléctricos en España es la insuficiente infraestructura de recarga. En 2024, el país contaba con 45.200 puntos de recarga, lo que se traduce en un ratio de 7,1 coches eléctricos por cargador, muy por encima de la media comunitaria de 5 coches por punto. Esta escasez de puntos de carga limita la expansión de la movilidad eléctrica, especialmente fuera de los núcleos urbanos, donde la infraestructura es aún más escasa.
La densidad de la red de recarga en España es de 0,6 puntos por cada 1.000 habitantes, en comparación con los 10,2 de los Países Bajos y los 4,3 de Alemania. Esta situación no solo frena la compra de vehículos eléctricos, sino que también contribuye a que España se quede atrás en su transición hacia un modelo de movilidad más sostenible.
**Impacto Fiscal y Necesidad de Renovación del Parque Automovilístico**
El sector automotriz también juega un papel crucial en la economía española, aportando 39.800 millones de euros a las arcas públicas en 2024. Sin embargo, la carga fiscal media por vehículo asciende a 1.295 euros anuales, lo que es superior a la de varios países europeos. Esta elevada presión fiscal dificulta la renovación del parque automovilístico, que tiene una antigüedad media de más de 14 años, uno de los más altos de Europa.
La falta de incentivos claros y la alta fiscalidad han llevado a muchos conductores a retrasar la compra de vehículos nuevos, lo que limita la penetración de modelos más eficientes y limpios. A pesar de que el Plan MOVES III ofrece ayudas de hasta 7.000 euros para la compra de vehículos eléctricos, los retrasos en los pagos y la complejidad administrativa han afectado su efectividad.
**Perspectivas Futuras**
El informe de ACEA subraya la necesidad de que España no se quede atrás en la carrera hacia la electrificación. A pesar de contar con una sólida base industrial y cifras de productividad alentadoras, el país debe acelerar la implementación de infraestructuras de recarga, revisar su fiscalidad y establecer una estrategia clara para la renovación del parque automovilístico. Sin estas medidas, España corre el riesgo de perder competitividad en un momento crucial para la automoción europea.
La transición hacia un modelo de movilidad más sostenible es un desafío que requiere la colaboración de todos los actores involucrados, desde el gobierno hasta los fabricantes y los consumidores. Solo así se podrá garantizar un futuro próspero para el sector automotriz español en el contexto de un mercado cada vez más globalizado y competitivo.