El precio de la gasolina y el diésel en España sube de forma sostenida desde finales de febrero. La escalada coincide con el inicio del conflicto armado entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ha alterado las rutas globales de suministro y elevado el barril de Brent a casi 100 dólares. Aunque España no importa petróleo iraní directamente, el efecto dominó en los mercados internacionales presiona los surtidores españoles. Los conductores ya pagan hasta un 4,6 % más por litro de gasolina que antes del estallido del conflicto.
¿Por qué sube el precio de la gasolina y el diésel en España?
El estrecho de Ormuz es clave. Por este paso marítimo fluye el 20 % del petróleo mundial. Los ataques en la zona han generado inestabilidad logística y temor a interrupciones. Los operadores han reaccionado con compras anticipadas y coberturas, lo que ha disparado la presión alcista en los mercados de futuros.
España depende del 95 % de sus importaciones energéticas. Cualquier alteración en los flujos de crudo o en los costes de flete se traslada rápidamente a los precios mayoristas. Estos, a su vez, se reflejan en los precios finales con un retraso de 7 a 10 días.
¿Cómo afecta el conflicto a los conductores españoles?
Los conductores soportan ya un aumento real en su gasto mensual. Con un consumo medio de 120 litros/mes, el incremento de 0,068 €/litro en la gasolina sin plomo 95 supone 8,16 € más al mes. En el caso del diésel, aunque bajó 0,005 €/litro en un día, su precio medio sigue en 1,692 €/litro: un 12,7 % por encima del nivel de febrero.
El transporte de mercancías es especialmente vulnerable. El 78 % del sector logístico español opera con gasóleo profesional, cuyos costes se trasladan a precios de alimentos, electrodomésticos y servicios esenciales.
¿Qué papel juega el marco regulatorio español?
España aplica el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos (IEHD) y el IVA al 21 % sobre el precio final. Aunque el Gobierno puede activar mecanismos de contención —como el descuento de 20 céntimos por litro aplicado en 2022—, su margen de maniobra es limitado ante una subida estructural del crudo.
La Ley del Sector de Hidrocarburos exige transparencia en los costes de refinación, distribución y comercialización. Sin embargo, no regula los márgenes de los operadores privados, lo que permite cierta volatilidad adicional en los surtidores españoles.
¿Cuál es el impacto económico real del alza de carburantes?
Datos Clave
- El barril de Brent supera los 98 €, su nivel más alto desde 2022.
- La gasolina 95 cuesta 1,543 €/litro: +4,6 % frente a febrero.
- El diésel se mantiene en 1,692 €/litro: +12,7 % desde el inicio del conflicto.
- El estrecho de Ormuz concentra el 20 % del comercio mundial de petróleo.
- El 95 % de la energía primaria española proviene de importaciones energéticas.
El alza de carburantes presiona la inflación subyacente, que ya supera el 3,2 % en abril. El Banco de España advierte que cada 10 € adicionales en la factura energética de los hogares reduce el consumo privado en 0,15 puntos porcentuales. Además, el sector del transporte por carretera —que representa el 4,3 % del PIB— enfrenta márgenes cada vez más ajustados.
La crisis también acelera la transición energética. Las ventas de vehículos eléctricos crecieron un 31 % interanual en abril, según ANFAC. Sin embargo, la infraestructura de puntos de recarga sigue insuficiente: apenas 18.500 puntos operativos frente a los 12.000 surtidores de combustibles fósiles.
La dependencia del crudo importado, la volatilidad geopolítica y la rigidez fiscal conforman un escenario de presión sostenida sobre los precios. No se prevé una normalización antes de que se restablezcan rutas seguras en el Golfo Pérsico y se estabilicen los mercados de futuros. Mientras tanto, los conductores y las empresas deben adaptarse a una nueva realidad de costes energéticos más altos y menos predecibles.
