Las vastas extensiones de pastizales han sido durante siglos el hogar y sustento de millones de pastores y criadores de ganado. Sin embargo, un reciente estudio científico alerta sobre un futuro sombrío: el calentamiento global podría hacer que entre un tercio y la mitad de las tierras de pastoreo actuales dejen de ser viables para la ganadería extensiva antes de que finalice este siglo. Este fenómeno no solo representa una transformación ecológica, sino que también se perfila como una crisis humanitaria que amenaza la supervivencia de comunidades enteras y un sistema alimentario que nutre al mundo.
**Zonas de Confort Climático en Peligro**
Para comprender la magnitud de este cambio, los científicos han definido lo que se conoce como ‘clima familiar’ para el pastoreo. Este concepto se refiere a un espacio donde las temperaturas oscilan entre -3 y 29 grados Celsius, donde la lluvia es suficiente y la humedad no resulta sofocante. Este entorno ha permitido que el pastoreo florezca durante generaciones. Sin embargo, la investigación publicada en una prestigiosa revista científica proyecta cómo estas ‘zonas de confort’ se verán afectadas por el cambio climático.
El autor principal del estudio, Chaohui Li, enfatiza que el cambio climático desplazará y reducirá significativamente estos espacios a nivel global, lo que resultará en menos zonas de pastoreo disponibles para los animales. Este cambio tiene implicaciones directas para más de cien millones de personas y aproximadamente 1.600 millones de animales, cuyo futuro se encuentra en una situación crítica.
La injusticia geográfica de esta crisis es evidente. Mientras que algunas regiones templadas del Norte podrían experimentar un aumento en la productividad de sus pastos, la carga de la pérdida recae desproporcionadamente sobre los más vulnerables. Se estima que entre el 51% y el 81% de los pastores y ganaderos afectados residen en países que ya enfrentan problemas de pobreza, hambre e inestabilidad. En estas regiones, el ganado no es simplemente un recurso económico, sino una forma de ahorro, una red de seguridad y un pilar de identidad cultural.
**Desafíos y Estrategias de Adaptación**
África se presenta como el epicentro de esta crisis. Los pastizales que sustentan culturas milenarias en el continente podrían reducirse entre un 16% y un alarmante 65%, dependiendo de la efectividad de las medidas adoptadas para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero. Lo que complica aún más la situación es que no solo se trata de una disminución en la productividad de los pastos, sino que el ‘clima familiar’ para el pastoreo podría desaparecer en amplias regiones.
Los modelos climáticos sugieren que, en África, las condiciones favorables para el pastoreo se desplazarán hacia el sur, hasta que en algunos lugares se encuentren con el mar. Prajal Pradhan, coautor del estudio, señala que este alejamiento de lo que se considera un espacio climático seguro cuestiona la eficacia de las estrategias de adaptación que se han implementado en el pasado, como el cambio de especies o la migración de manadas. Los cambios son tan drásticos que las soluciones tradicionales pueden no ser suficientes.
La sabiduría ancestral, acumulada a lo largo de siglos para enfrentar la variabilidad climática, se enfrenta a un desafío sin precedentes. La presión sobre los pastizales es inminente. Décadas de sobrepastoreo, combinadas con un clima cada vez más hostil, han degradado los suelos y liberado carbono, creando un círculo vicioso que perjudica tanto a la tierra como a quienes dependen de ella.
Ante esta situación, surgen preguntas complejas: ¿Cómo se puede transformar un modo de vida sin destruir su esencia? ¿Cómo se protege a aquellos que menos han contribuido al problema pero que más lo sufren? Los expertos sugieren que, aunque las prácticas de manejo adaptativo pueden ofrecer alguna ayuda, la solución de fondo debe abordar la raíz del problema. Chaohui Li concluye que «reducir las emisiones alejándonos rápidamente de los combustibles fósiles es la mejor estrategia que tenemos para minimizar estos daños potencialmente existenciales para la ganadería».
Este estudio no solo es una advertencia sobre la pérdida de un patrimonio humano intrínsecamente ligado a la tierra, sino que también destaca el riesgo de que se extinga una forma de vida que ha sido resiliente y sostenible, moldeando paisajes e identidades a lo largo de generaciones. La lucha contra el cambio climático es, por tanto, una lucha por la supervivencia de comunidades y tradiciones que han perdurado a lo largo del tiempo.
