La industria de defensa en España se encuentra en un periodo de transformación significativo, donde la soberanía estratégica se redefine. En lugar de centrarse únicamente en la fabricación local, se enfatiza la importancia de mantener el control sobre capacidades críticas y la propiedad intelectual. Este enfoque fue uno de los temas centrales de la reciente conferencia titulada ‘Retos y alianzas estratégicas de la industria de defensa para la soberanía estratégica y tecnológica’, que tuvo lugar en el campus de Madrid del IESE.
Salvador Álvarez Pascual, director de estrategia de Grupo Oesía, destacó que la soberanía estratégica no implica necesariamente fabricar todos los componentes en España, sino más bien tener el control sobre las capacidades críticas y la autoridad de diseño. En un entorno donde los ciclos de desarrollo se acortan y la inversión necesaria aumenta, Álvarez advirtió que el sector no puede depender únicamente de la excelencia tradicional. «El mundo anterior de la defensa se basaba en la calidad; ahora se basa en tecnología puntera», afirmó.
Las lecciones aprendidas del conflicto en Ucrania también fueron un punto focal del debate. Álvarez subrayó que este conflicto ha puesto de manifiesto nuevas prioridades en la defensa, como la guerra cognitiva, los misiles de bajo coste, los enjambres de drones y la guerra electrónica. En este nuevo contexto, la industria de defensa necesita certezas presupuestarias para planificar su capacidad productiva y desarrollo. «Necesitamos un marco plurianual de inversiones por parte del Estado, un marco estable con presupuestos estables», enfatizó.
### La Necesidad de Alianzas Estratégicas
Manuel Ausaverri, director general de estrategia y fusiones y adquisiciones de Indra, también abordó la necesidad de reforzar la capacidad industrial y de diseño en España. Ausaverri argumentó que las capacidades militares deben ser diseñadas y fabricadas en el país, lo que no solo fortalecería la soberanía, sino que también generaría empleo de calidad. Además, destacó la importancia de la cooperación como un medio para escalar posiciones en los grandes programas europeos, como el FCAS (Future Combat Air System).
«Para estar en los grandes contratos europeos, debemos tener mayor tamaño y estar alineados con las cinco o seis grandes compañías europeas», comentó Ausaverri, haciendo hincapié en la distancia que aún existe entre los actores europeos y las grandes contratistas estadounidenses. En este sentido, la estrategia corporativa de Indra se intensificará, con un objetivo de establecer 100 alianzas para 2025.
El papel del sector público también fue destacado por Ausaverri, quien afirmó que el Estado es un socio clave en todos los componentes de la defensa, actuando como cliente y prescriptor en las exportaciones. Esta relación bidireccional permite un aprendizaje mutuo y una retroalimentación constante entre el sector público y privado.
### Atracción de Talento y Desafíos Geopolíticos
El cambio en la percepción de la industria de defensa entre los jóvenes fue otro tema relevante. Ausaverri mencionó que, a diferencia de años anteriores, ahora hay un gran interés por parte de los jóvenes en trabajar en este sector. Este cambio de tendencia es crucial para el futuro de la industria, que necesita atraer talento técnico y especializado.
En el contexto geopolítico actual, el director de operaciones y negocios de Navantia, Gonzalo Mateo-Guerrero, también hizo hincapié en la necesidad de estar preparados para la «guerra híbrida». A pesar de que un eventual acuerdo en Ucrania podría reducir las tensiones, Mateo-Guerrero advirtió que la vigilancia debe mantenerse, especialmente en el flanco sur de la OTAN.
Mateo-Guerrero proporcionó cifras que ilustran la importancia del sector de defensa en España: emplea a 90,000 personas, registra 19,000 millones de euros en inversión y es el noveno exportador mundial en este ámbito. En cuanto a los objetivos de negocio de Navantia, se espera cerrar el año con una facturación de aproximadamente 1,500 millones de euros, con un 60% de esta cifra proveniente del mercado nacional y un 40% del internacional. La meta es duplicar esta cifra en tres años.
Sin embargo, Mateo-Guerrero también subrayó la necesidad de una mayor integración en la industria, señalando que existen alrededor de 2,000 pequeñas empresas en el ecosistema de defensa. A pesar de que la colaboración puede ser complicada, defendió la importancia de establecer alianzas flexibles, como las que se han realizado en Arabia Saudí, Australia y el Reino Unido.
El debate concluyó con un mensaje claro sobre la importancia de las alianzas en el sector. Salvador Álvarez resumió que la verdadera esencia de una alianza radica en la complementariedad tecnológica, donde dos socios se unen para desarrollar tecnologías que no podrían lograr individualmente. Para que estas colaboraciones sean efectivas, se requiere lealtad, transparencia y un compromiso a largo plazo. Además, se destacó la necesidad de que las grandes empresas actúen como tractores en la cadena de valor, sin competir con las pequeñas y medianas empresas.
En un entorno donde la urgencia tecnológica y los nuevos patrones de conflicto son cada vez más evidentes, el mensaje de la conferencia fue claro: es fundamental fomentar la cooperación, mantener el control sobre las capacidades críticas y garantizar la estabilidad en las inversiones para convertir la ambición estratégica en una realidad industrial.
