La historia de Casa Pagès es un relato que se entrelaza con la evolución del barrio de Gràcia en Barcelona. Desde sus humildes comienzos en 1956 como un establecimiento que vendía hielo, este restaurante ha sabido adaptarse a los cambios sociales y económicos, convirtiéndose en un punto de encuentro para los vecinos y un referente gastronómico en la zona.
**Un Local con Raíces Históricas**
Casa Pagès no siempre fue el restaurante que conocemos hoy. Originalmente, la familia que lo fundó tenía una casa de payés en la carretera de la Arrabassada, lo que inspiró el nombre del local. En sus primeros años, el establecimiento se dedicaba a la venta de hielo y a la distribución de bebidas como La Casera y Estrella Damm. Con el tiempo, en los años 60, se transformó en una tocinería y bodega, ofreciendo vino a granel a los vecinos. Sin embargo, la historia de Casa Pagès no estuvo exenta de controversias. En los años 70, el local fue cerrado por las autoridades debido a la organización de timbas ilegales de póquer, lo que llevó a algunos de sus propietarios y clientes a pasar un tiempo en el calabozo.
En 1981, Pedro Barros tomó las riendas del negocio y, tras un año de reformas, reabrió el local en 1982. Desde entonces, su hijo Alberto ha estado al frente, recordando anécdotas que reflejan la historia de Gràcia y de Barcelona. Casa Pagès se convirtió en un bar de menú para trabajadores, atrayendo a carpinteros, lampistas y pintores de la zona, así como a empleados de empresas cercanas como Enher y Bayer.
**Adaptación y Resiliencia en Tiempos de Crisis**
A lo largo de los años, Casa Pagès ha enfrentado diversas crisis, pero siempre ha encontrado la manera de adaptarse. Durante la crisis posolímpica, el hijo mayor de Pedro, también llamado Pedro, amplió la oferta del restaurante, introduciendo cenas con ‘torrades’ y otros platos que atrajeron a un público más joven. Esta estrategia resultó efectiva y ayudó a revitalizar el negocio. Sin embargo, en el año 2000, Pedro junior decidió retirarse, lo que llevó a Alberto a asumir el control del local a una edad temprana.
Alberto recuerda cómo, a pesar de su deseo de salir y disfrutar de la vida de un joven, se encontró atrapado en el negocio familiar. Con el tiempo, comenzó a enamorarse de Casa Pagès y a implementar cambios que revitalizaron el menú y la experiencia del cliente. Durante la crisis del ladrillo, el restaurante prosperó gracias a sus precios accesibles, convirtiéndose en un lugar popular para aquellos que buscaban una comida de calidad sin gastar demasiado.
El menú de mediodía, que en sus inicios costaba alrededor de 9 euros, se mantuvo competitivo y atractivo. A día de hoy, el menú cuesta 14,90 euros, y algunos de los bocadillos más emblemáticos, como el Freud (pollo con queso brie) y el Sócrates (lomo con queso y pimientos), siguen siendo parte de la oferta. La decoración del local ha permanecido prácticamente intacta desde su reapertura en 1982, lo que contribuye a su encanto y autenticidad.
Recientemente, Casa Pagès ha incorporado nuevas propuestas, como los vermuts de fin de semana y los ‘esmorzars de forquilla’, que incluyen platos tradicionales como fricandó, albóndigas y calamares con butifarra negra. Alberto Barros se siente orgulloso de la historia del restaurante y de su capacidad para mantenerse relevante en un entorno gastronómico en constante cambio.
**Un Legado Gastronómico**
Casa Pagès no solo es un restaurante; es un símbolo de la historia de Gràcia y de la cultura gastronómica de Barcelona. Alberto Barros defiende la autenticidad del local, destacando que muchos intentos de replicar su estilo son superficiales y carecen de la historia que Casa Pagès ha acumulado a lo largo de los años. «Ofrecemos platos de siempre, como huevos estrellados con jamón y ‘trinxat’ de la Cerdanya. Somos el bar de la esquina de toda la vida», afirma con orgullo.
La historia de Casa Pagès es un testimonio de la resiliencia y la adaptabilidad de un negocio familiar que ha sabido navegar por las corrientes del tiempo. Con su rica herencia y su compromiso con la calidad, este restaurante sigue siendo un lugar donde los vecinos de Gràcia se reúnen para disfrutar de buena comida y compañía. La combinación de tradición y modernidad en su oferta gastronómica asegura que Casa Pagès continuará siendo un pilar en la comunidad durante muchos años más.