La vida de los inmigrantes en una nueva tierra puede ser un camino lleno de obstáculos, pero también de oportunidades. Historias como las de John Revolledo y David Fallah son ejemplos inspiradores de cómo la determinación y el apoyo adecuado pueden transformar vidas. Ambos jóvenes, provenientes de contextos difíciles, han encontrado en Barcelona un nuevo hogar y la posibilidad de alcanzar sus sueños a través de la educación y la formación profesional.
El viaje de John Revolledo comenzó en Perú, donde desde pequeño mostró un interés innato por la ingeniería. A pesar de las adversidades, incluyendo la muerte de su padre y la migración de su madre a España en busca de un futuro mejor, John nunca perdió de vista su objetivo. A los 22 años, se enfrenta a la dura realidad de adaptarse a un nuevo sistema educativo que no le ofrecía las bases necesarias para su carrera. «La educación pública en Perú no incluye asignaturas clave para la ingeniería, como la física», explica. Sin embargo, su pasión por aprender lo llevó a estudiar por su cuenta, utilizando recursos como libros y videos en línea.
La llegada a Barcelona fue un desafío adicional. John pensó que la adaptación sería sencilla, pero pronto se dio cuenta de que la realidad era diferente. Sin embargo, su perseverancia lo llevó a inscribirse en clases de catalán y castellano, así como a un curso de carretillero. Fue en este último donde su formadora, reconociendo su potencial, lo animó a postularse para el programa MigrantUp de la fundación BarcelonActua. A pesar de sus dudas iniciales sobre ser seleccionado, el apoyo de su madre lo impulsó a seguir adelante. Hoy, John cursa un Grado Superior en Organización y Control de Obra Civil, con la meta de convertirse en ingeniero.
Por otro lado, David Fallah, un joven de 27 años originario de Liberia, vivió una experiencia completamente diferente. Tras un complicado viaje que lo llevó a Suiza y luego a las calles de Barcelona, David se encontró en una situación desesperada. A pesar de tener un título en Química, la falta de recursos y apoyo lo llevó a dormir en la calle durante mes y medio. Sin embargo, su vida cambió cuando fue acogido por una de las casas de la fundación BarcelonActua. Allí, recibió la oportunidad de asistir a clases de español y catalán, lo que le permitió comenzar a reconstruir su vida.
El programa ‘Landing’ de BarcelonActua ofrece a jóvenes sin hogar la posibilidad de recibir formación básica y un espacio seguro. Gracias a este apoyo, David pudo acceder a un alojamiento fijo y continuar su educación. Actualmente, está en proceso de homologar su título de Química y cursa un ciclo superior en Dietética y Nutrición Deportiva. Su sueño es retomar sus estudios universitarios y obtener un título en Farmacia, además de realizar prácticas con el equipo de nutrición del FC Barcelona.
Ambas historias reflejan no solo la lucha personal de estos jóvenes, sino también la importancia de las iniciativas que apoyan a los inmigrantes en su integración y desarrollo profesional. El programa MigrantUp, por ejemplo, se centra en facilitar el acceso a trabajos y estudios de alto valor añadido para personas migrantes con motivación y una buena base formativa. Hasta la fecha, ha ayudado a 41 personas como John, quienes han encontrado en la educación una vía para mejorar sus vidas y contribuir a la sociedad.
Sin embargo, la frustración persiste. David Fallah expresa su descontento por no poder ejercer en un campo para el que ya está preparado. «¿Cómo va a prosperar España cuando tiene profesionales que ya están listos para aportar y no los aprovechan?», reflexiona. Esta situación plantea un dilema no solo ético, sino también estratégico para el futuro del país. La integración de profesionales cualificados en el mercado laboral no debería ser vista solo como un acto de solidaridad, sino como una inversión en el desarrollo económico y social.
La historia de John y David es un recordatorio de que, a pesar de las dificultades, la educación y el apoyo adecuado pueden abrir puertas y cambiar vidas. Estos jóvenes no solo buscan un futuro mejor para ellos mismos, sino que también aspiran a contribuir al crecimiento de la sociedad que los acoge. En un mundo cada vez más globalizado, es fundamental reconocer y valorar el potencial de cada individuo, independientemente de su origen. La superación personal y profesional de los inmigrantes es una riqueza que puede beneficiar a toda la comunidad, y es responsabilidad de todos trabajar juntos para crear un entorno inclusivo y propicio para el desarrollo de todos sus miembros.
