La vida de un deportista de élite está marcada por la disciplina, la competencia y la búsqueda constante de la excelencia. Sin embargo, cuando llega el momento de colgar las zapatillas o, en el caso de Erika Villaécija, el gorro de natación, el camino hacia la reinvención puede ser complicado. Erika, campeona del mundo en piscina corta en 2010, ha compartido su experiencia sobre la transición de ser una nadadora olímpica a encontrar su lugar en el mundo laboral y personal, un proceso que ha estado lleno de desafíos y autodescubrimiento.
### La Lucha por la Identidad Después del Deporte
La retirada de la competición no es solo un cambio físico; es un proceso emocional que puede dejar a los deportistas sintiéndose perdidos. Erika Villaécija, quien se retiró en 2018, describe cómo los primeros años después de dejar la natación fueron difíciles. «Pasé por meses en ‘modo avión’, donde simplemente estaba pasando por la vida sin un propósito claro», explica. Este sentimiento de vacío es común entre los atletas que han dedicado su vida a un deporte específico y, de repente, se encuentran sin un objetivo claro.
La búsqueda de una nueva identidad es un proceso que requiere tiempo y reflexión. Erika decidió que la mejor manera de afrontar su retirada era encontrar una nueva pasión que la mantuviera ocupada. Con una formación en Psicología, comenzó a trabajar en recursos humanos, un campo que le ha permitido seguir ayudando a las personas, aunque desde una perspectiva diferente. «Mi papel es ayudar a que la gente esté contenta y tenga recorrido en su trabajo», comenta, reflejando su deseo de seguir contribuyendo al bienestar de los demás.
Sin embargo, la transición no fue fácil. La presión de ser una exdeportista de élite a menudo se traduce en expectativas poco realistas. «La gente me decía: ‘¡Tú has sido olímpica!’. Hay una percepción de que deberías tener todo bajo control», señala. Esta presión puede ser abrumadora, especialmente cuando se compara la intensidad de la vida competitiva con la rutina diaria de un trabajo de oficina.
### La Adrenalina de la Competencia y el Camino hacia la Sanación
Uno de los mayores desafíos que enfrentan los deportistas retirados es la pérdida de la adrenalina que acompaña a la competencia. Erika recuerda cómo, durante los primeros años, intentó llenar ese vacío participando en otros deportes competitivos, pero no pudo encontrar la misma satisfacción. «Esa adrenalina de ganar o perder no la encuentras en nada más en la vida», reflexiona. Este sentimiento de pérdida puede llevar a una relación tóxica con el deporte, donde la nostalgia y la comparación con el pasado dificultan la aceptación de la nueva realidad.
A medida que Erika se reconectaba con el mundo de la natación desde una nueva perspectiva, comenzó a sanar. Su trabajo en la Federación de Natación le permitió volver a estar en contacto con el deporte que había amado, pero esta vez desde un lugar de apoyo y acompañamiento. «Ahora puedo disfrutar de la natación sin la presión de competir», dice, indicando que ha encontrado un nuevo equilibrio en su vida.
La maternidad es otro tema que ha estado presente en la vida de Erika. A menudo, las mujeres deportistas se enfrentan a la presión de decidir entre su carrera y la familia. «Es algo que la gente me pregunta constantemente», comparte. A sus 41 años, Erika se encuentra en una encrucijada, deseando ser madre pero consciente de las realidades que conlleva. La sociedad a menudo juzga estas decisiones, lo que añade una capa adicional de complejidad a su situación.
Erika también destaca la falta de apoyo para los deportistas retirados, especialmente las mujeres. «Una vez te retiras, desapareces del mapa. Da igual si has ganado muchas o pocas medallas», afirma. Aunque ha habido avances en la conversación sobre la salud mental y la transición de los deportistas, aún queda mucho por hacer. La creación de programas de acompañamiento y oportunidades laborales para exdeportistas es crucial para facilitar esta transición.
La historia de Erika Villaécija es un testimonio de resiliencia y autodescubrimiento. A través de su experiencia, se puede ver cómo la vida después del deporte puede ser una oportunidad para reinventarse y encontrar nuevas pasiones. Aunque el camino no siempre es fácil, el viaje hacia la aceptación y la felicidad es posible, incluso después de dejar atrás una carrera deportiva exitosa.
