La situación política en España, especialmente en relación con la lengua catalana, ha cobrado una nueva dimensión en el contexto europeo. La reciente postura del presidente de Junts, Carles Puigdemont, ha reavivado el debate sobre la oficialidad del catalán en las instituciones de la Unión Europea. En una rueda de prensa, Puigdemont dejó claro que su partido no busca romper con el Gobierno de Pedro Sánchez, sino que, por el contrario, ofrece una oportunidad para que el Ejecutivo avance en la oficialidad del catalán, el euskera y el gallego. Este gesto se presenta como una mano tendida hacia Sánchez, quien enfrenta una situación complicada en su gobierno.
Sin embargo, la respuesta del Partido Popular (PP) ha sido contundente. La secretaria general del Partido Popular Europeo, Dolors Montserrat, ha criticado abiertamente a Puigdemont, acusándolo de utilizar la cuestión lingüística como un instrumento de presión política. Montserrat ha argumentado que el PP no se opone a la oficialidad del catalán en sí, sino que rechaza que el Gobierno lo utilice como un “pago político” para mantener su estabilidad. Esta postura ha generado tensiones dentro del propio PP, especialmente en Catalunya, donde algunos miembros del partido consideran que la oposición a la oficialidad del catalán no es una estrategia viable.
### La Estrategia del PP y sus Consecuencias Internas
El PP ha mantenido una línea de resistencia frente a la propuesta de oficialidad del catalán, argumentando que esta cuestión no debe ser utilizada como un medio para obtener votos. Sin embargo, la estrategia ha mostrado fisuras internas. Recientemente, el secretario general del PP catalán, Santi Rodríguez, admitió que el partido había contactado con otros Estados miembros para intentar bloquear la oficialidad del catalán en el Consejo de la UE. Esta declaración provocó una rápida rectificación por parte del partido, evidenciando la falta de consenso sobre cómo abordar este tema.
Voces disidentes dentro del PPC han expresado su desacuerdo con la estrategia del partido, señalando que la oposición a la oficialidad del catalán podría alienar a un sector de sus votantes. “No entiendo por qué debemos ir en contra de esto; esta batalla no nos interesa”, afirmó un miembro del PPC, enfatizando que el partido debería defender el catalán en lugar de oponerse a su reconocimiento oficial.
La incoherencia de la estrategia del PP se hace evidente cuando se considera que, por un lado, buscan el apoyo de Junts para una moción de censura y, por otro, se oponen a la oficialidad de la lengua catalana. Esta contradicción podría tener repercusiones en la percepción del partido entre los votantes catalanes, quienes podrían ver la postura del PP como un intento de capitalizar la “catalanofobia” para fines electorales.
### La Reacción del Gobierno y el Futuro del Debate Lingüístico
A medida que se acerca la reanudación de las actividades del Consejo de la UE tras el parón veraniego, la cuestión de la oficialidad del catalán se encuentra en un punto crítico. El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, ha interpretado los retrasos en el debate como una maniobra del PP para dilatar el proceso. Esta situación ha llevado a un aumento de la presión sobre el Gobierno de Sánchez, quien debe encontrar una solución que no solo satisfaga a Junts, sino que también mantenga la cohesión dentro de su propio partido.
Puigdemont ha señalado que el Gobierno tiene tiempo para abordar esta cuestión, subrayando que España es un socio importante en la UE. La capacidad del Ejecutivo para avanzar en la oficialidad del catalán podría ser crucial no solo para la estabilidad de su gobierno, sino también para la aprobación de nuevos presupuestos en 2026. La situación es delicada, ya que cualquier avance en este tema podría ser interpretado como una concesión a Junts, lo que podría debilitar aún más la posición de Sánchez.
El debate sobre la oficialidad del catalán en la UE no es solo una cuestión lingüística; es un reflejo de las tensiones políticas que existen en España. La forma en que se maneje esta situación podría tener un impacto significativo en el futuro político del país y en la percepción de los partidos en Catalunya. A medida que se reanuda el debate en Bruselas, todos los ojos estarán puestos en cómo se desarrollarán los acontecimientos y qué decisiones tomará el Gobierno de Sánchez en este contexto tan complejo.